El 60% de las infecciones que afectan a las personas tienen origen animal

Alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas que afectan a las personas tienen origen animal, y en el caso de las enfermedades emergentes esta proporción alcanza el 75%, señaló la Dra. Irma Egoavil, directora general de Zoetis, compañía global de salud animal.

En este contexto, subrayó que los antibióticos continúan siendo la única herramienta eficaz para tratar infecciones bacterianas tanto en medicina humana como veterinaria. Sin embargo, desde 1980 no se han desarrollado nuevas familias de antibióticos para ninguna de las dos áreas, por lo que preservar su eficacia mediante un uso racional se ha convertido en una prioridad mundial.

No podemos solos

La resistencia antimicrobiana no puede enfrentarse únicamente desde los hospitales o los consultorios. Su control requiere una estrategia integral que considere la salud humana, la salud animal y el cuidado del medio ambiente: One Health o Una Sola Salud.

El concepto de Una Sola Salud reconoce la estrecha interdependencia entre las personas, los animales y los ecosistemas. Esta visión resulta especialmente relevante para combatir la resistencia antimicrobiana, prevenir enfermedades zoonóticas —aquellas que se transmiten de animales a humanos— y garantizar una producción sostenible de alimentos de origen animal.

La Dra. enfatizó que, contrario a la percepción general, el sector pecuario ha logrado reducir significativamente el uso de antimicrobianos gracias a estrategias preventivas. Datos internacionales muestran que las ventas de antimicrobianos para salud animal disminuyeron 41% en la última década, mientras aumentó el uso de vacunas y otras medidas preventivas. Entre 2017 y 2019 el uso mundial de antimicrobianos en animales descendió 13%, con reducciones superiores al 60% en antibióticos considerados de importancia crítica para la salud humana, como los polipéptidos.

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“La prevención representa la herramienta más efectiva para disminuir la necesidad de antibióticos. Y es indispensable la colaboración entre los sectores de salud humana, salud animal, autoridades y medio ambiente. No podemos hacerlo solos”, señaló.

Entre las principales estrategias destacan la vacunación, la nutrición adecuada, la bioseguridad en las granjas, la selección genética de animales más resistentes y el uso de tecnologías para detectar tempranamente enfermedades.

La genómica y la IA

La selección genética de vacas lecheras más resistentes a enfermedades ha permitido incrementar la producción de leche y reducir hasta 44% el uso de antibióticos, mientras que sensores inteligentes instalados en granjas porcinas detectan alteraciones respiratorias en tiempo real para intervenir antes de que aparezcan brotes infecciosos.

Respecto al impacto del uso veterinario sobre la resistencia antimicrobiana en humanos, la especialista explicó que la mayor parte de los antibióticos utilizados en animales corresponde a familias de uso exclusivo veterinario o de menor importancia crítica para la medicina humana.

En Estados Unidos, 80% de los antibióticos empleados en animales no tienen impacto directo sobre la salud humana, mientras que los antibióticos compartidos considerados críticos representan menos del 3% del total utilizado en producción animal.

Señaló que diversos organismos internacionales coinciden en que la mayor carga de resistencia antimicrobiana en las personas proviene del ámbito sanitario. Citó que el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) estima que aproximadamente 75% de las infecciones por bacterias resistentes en humanos están asociadas a la atención médica, mientras que el CDC identifica únicamente dos microorganismos relacionados con animales de producción dentro de su lista de patógenos prioritarios.

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Reconoció que existe evidencia limitada sobre resistencia antimicrobiana en animales de compañía, aunque mencionó que la creciente cultura de vacunación y medicina preventiva ha contribuido a disminuir los riesgos. Investigadores asistentes al foro señalaron estudios recientes realizados en México que han identificado bacterias resistentes en perros domésticos, lo que evidencia la necesidad de ampliar la vigilancia epidemiológica también en mascotas.

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