“Recibir el premio fue una sorpresa; después una responsabilidad”

La Dra. Liliana Vargas Neri, académica de la Facultad de Química de la UNAM, e integrante del Consejo Técnico Científico de Hospitales sin Infecciones, recibió el Premio Mujeres en Ciencias Biológicas y de la Salud “Matilde Montoya”, un reconocimiento que distingue a científicas por su contribución al conocimiento.

En entrevista para esta iniciativa de la sociedad civil, la especialista habló del significado de este galardón y de los retos que enfrentan las mujeres en México: seguridad, respaldo y participación real.

La ciencia necesita más mujeres y más incidencia en la vida pública”

Para la investigadora, recibir el premio fue primero una sorpresa; después, una responsabilidad.

Lejos de asumir el reconocimiento como una meta cumplida, Vargas Neri lo entiende como un impulso para seguir trabajando y para acompañar a otras mujeres en el camino científico. La doctora reconoció que todavía se considera en un proceso de maduración profesional, pero precisamente por eso, el galardón adquiere mayor significado: confirma que el trabajo constante, incluso cuando parece silencioso, sí tiene impacto.

Subrayó que este premio representa una motivación para continuar haciendo ciencia que no sólo fortalezca la investigación, sino que inspire a alumnas, colegas y nuevas generaciones de científicas.

“La investigación no se sostiene en solitario. Se fortalece con colaboración, especialmente entre mujeres, y también con el respaldo de hombres que entiendan la importancia de impulsar el trabajo científico hecho por ellas”, declaró.

La sensibilidad debe estar presente en la toma de decisiones

Uno de los puntos que la Dra. Vargas Neri destacó con mayor fuerza, es que la presencia de más mujeres en la ciencia no responde sólo a una demanda de representación, sino a una necesidad de fondo.

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Desde su experiencia, las mujeres aportan miradas distintas a los problemas. Puso como ejemplo el análisis de los errores de medicación: en vez de enfocarse únicamente en señalar culpables, ella propone revisar los factores humanos, entender qué ocurrió, cómo se sentía la persona involucrada y cuáles fueron las causas reales detrás del problema.

Para la investigadora, esa sensibilidad también es conocimiento y debe estar presente en la ciencia, en la medicina y en la toma de decisiones.

En ese sentido, recordó una idea de la divulgadora científica Julieta Fierro: si la ciencia hubiera sido desarrollada mayoritariamente por mujeres, probablemente muchos procesos médicos pensados para ellas serían menos dolorosos o más empáticos con su realidad biológica.

El mensaje para las niñas y jóvenes:

A las niñas y jóvenes que sueñan con ser científicas, pero ven el camino difícil, la doctora les habla con firmeza: confíen en sí mismas y no se detengan ante una negativa.

Su consejo es no dejarse vencer por la primera puerta cerrada. Por el contrario, invita a mirar alrededor, buscar otras oportunidades y apoyarse en otras mujeres que ya han recorrido ese trayecto.

Para Vargas Neri, el propio nombre del premio es una guía. Matilde Montoya, la primera médica mexicana, enfrentó una época en la que las mujeres ni siquiera tenían garantizado el acceso a un título universitario. Su historia, recordó, es prueba de que la resiliencia también forma parte de la vocación.

Por eso insiste en que las jóvenes, especialmente aquellas que viven fuera de la Ciudad de México, busquen redes de apoyo y se acerquen a otras investigadoras que puedan impulsarlas.

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Los desafíos en México

Aunque la doctora afirmó que, en lo personal, no ha vivido de manera directa una barrera de género insalvable, sí reconoce que hay desafíos estructurales importantes.

El primero es el financiamiento para la investigación. Advirtió que en México todavía hacen falta muchos datos sobre la población y que, con frecuencia, ciertos estudios no reciben apoyo bajo la idea equivocada de que “todo ya está escrito” o de que, si un producto ya está comercializado, ya no hay nada más que investigar.

A eso se suman los retos de una sociedad en transformación, en la que también la academia debe aprender a dialogar con nuevas generaciones y nuevas formas de ver el mundo.

Vargas Neri reconoce ese proceso no como una amenaza, sino como una oportunidad de aprendizaje. Incluso lo resume de manera entrañable: sus alumnos, dice, la actualizan y le dan vida.

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