La Dra. Silvia Guerra López, integrante de la Asociación Latinoamericana para el Control de Infecciones (ASLACI), señaló que, si bien la resistencia microbiana existe, la mayoría de los fallos de desinfección e higiene hospitalaria se deben a errores operativos que generan lo que se conoce como tolerancia adquirida. Esta tolerancia es la capacidad de la bacteria de sobrevivir por más tiempo debido a una exposición inadecuada al desinfectante.
Diluir Mal y Acelerar el Contacto: El Círculo Vicioso
Durante su participación en el 1er Simposio Nacional de Optimización de Antimicrobianos, organizado por la Asociación Mexicana para el Estudio de las Infecciones Nosocomiales A.C. (AMEIN), la Dra. Guerra López expuso un ejemplo de esto.
Se trata de un brote documentado donde la bacteria Enterococcus faecium se volvió diez veces más tolerante al alcohol debido a su uso “intensivo e incorrecto” en hospitales. La bacteria se adaptó progresivamente.
“En esencia, en este caso no falló el alcohol, falló el proceso. La solución fue hacer el proceso de higiene y desinfección más riguroso y completo para evitar el problema”. Los desinfectantes (biocidas) están diseñados para matar, pero solo si se usan a la Concentración Bactericida Mínima Letal (MLC), es decir, la dosis que elimina el 99.9% de los microorganismos. Cuando el personal médico o de limpieza comete fallas, la bacteria no muere, se adapta:
• Diluciones Incorrectas: “Usar diluciones por debajo de lo recomendado es fortalecer la bacteria.” Al usar un producto a una concentración menor, se expone al germen a una dosis “subletal”, lo que le da tiempo para adaptarse.
• Tiempo de Contacto Insuficiente: “Nos aceleran, nos apuran y eso hace que queden las bacterias con capacidad de poderse aumentar su susceptibilidad o peor, generar resistencia.” Los hospitales no suelen respetar el tiempo que el producto necesita para actuar, permitiendo que la bacteria sobreviva más tiempo.
• Falta de Limpieza Previa: Si no se elimina la materia orgánica antes de desinfectar, “el desinfectante actúa en forma incompleta, no tiene capacidad de acceder bien a todas las bacterias.”
El Peligro Irreversible de la Tolerancia Intrínseca
Un factor aún más alarmante y que genera brotes es la tolerancia intrínseca, la cual no depende de errores de uso. Bacterias como Burkholderia cepacia o algunas cepas de Pseudomonas son ejemplos notorios de microorganismos que traen esta resistencia en su estructura genética.
La Dra. Guerra López fue enfática al describir la naturaleza de este problema:
“La tolerancia intrínseca es una propiedad natural, fija e irreversible del microorganismo que le va a dar una baja o una nula susceptibilidad de determinados biocidas, aun cuando el producto esté bien formulado, la concentración sea la correcta y el tiempo de contacto sea el recomendado.”
Esta incapacidad inherente para ser eliminadas ha sido la causa principal de brotes severos. Por ejemplo, se han documentado casos donde la Burkholderia sobrevivió “por más de siete días en una solución diluida” de antiséptico, lo que evidencia que la bacteria ya traía esta capacidad de persistencia. En estos incidentes, el problema es doble: la persistencia de estas bacterias en el ambiente hospitalario y las fallas en las prácticas de fabricación que resultan en soluciones contaminadas.
La Solución: un “Stewardship” para Desinfectantes
Para revertir esta tendencia, la especialista enfatizó que “la clave no es dejar de usar biocidas, sino que tenemos que usarlo menos, mejor y de una forma más inteligente, integrados a un programa de resistencia microbiana y de control infecciones,” concluyó.
Al respecto, propone algunas medidas urgentes:
- Estandarizar y Controlar las Diluciones: Evitar que el personal prepare las diluciones “a ojo” y eliminar los frascos multidosis en situaciones de alto riesgo.
- Diversificación: No depender de un solo tipo de desinfectante para no generar una presión selectiva continua.
- Vigilancia Activa: Implementar un “stewardship” de biocidas para monitorear las concentraciones que realmente se están usando y auditar los tiempos de contacto.
Según la experta, si los hospitales no corrigen sus procesos, están creando una “tormenta perfecta” que favorece la tolerancia microbiana.



